Buscar un punto de escucha al 38% del largo suele ofrecer equilibrio inicial. Proporciones cercanas a 1:1,4:1,9 evitan concentraciones modales incómodas. Mantener simetría lateral, con distancias iguales a paredes, estabiliza el centro fantasma. Elevar ligeramente el oído respecto al tweeter suaviza durezas en muchos diseños. Después, microajustes de centímetros cambian milagros: un susurro se despega, un contrabajo gana cuerpo. Dibujar, medir con una app sencilla y confiar luego en la piel crea un mapa íntimo para que la música despliegue su misterio sin esfuerzo.
La interferencia por reflexión de límites (SBIR) enturbia pegada y claridad. Alejar altavoces del muro frontal lo suficiente para que la cancelación caiga fuera de la banda crítica es prioritario. Bases de piedra densa con puntas desacopladas ofrecen apoyo estable y masa. Un ligero toe‑in mejora enfoque y reduce difracción de bordes. Entre altavoz y pared, paneles de madera ranurada con lana detrás suavizan la energía devuelta. El resultado es un grave que ataca y decae con intención musical, sin bultos sordos ni agujeros incómodos.
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